¿No necesitamos exportar con valor agregado? La soja, un ejemplo de improvisación

¿Por qué ahora se atenta con cambios de derechos de exportación contra uno de los sectores económicos más eficientes de nuestra economía?

La Bolsa de Cereales de Córdoba, en su informe Nº 271, analiza el impacto en el complejo sojero del cambio de los derechos de exportación que el Poder Ejecutivo anunció en agosto de 2018 por el cual, en forma decreciente, termina anulando el diferencial arancelario entre soja poroto y procesada.
Debemos recordar que la Argentina logró una posición de privilegio como exportador neto de aceites y subproductos gracias al diferencial arancelario a favor del procesamiento de oleaginosos en el país. Esta eficaz herramienta de política económica dio lugar a la creación de un polo agro industrial y portuario poderoso y moderno que no sólo  permitió exportar más, sino que además multiplicó la inversión productiva, creó fuentes de trabajo directas e indirectas y ayudó a expandir las áreas de cultivo.

La irrupción mundial de oleaginosas argentinas procesadas incomodó a muchos países acostumbrados a importar poroto y molerlo localmente. Durante años, la industria europea trató por todos los medios de frenar la entrada de nuestras exportaciones de aceites y derivados. Se argumentaba que se habían realizado maniobras de dumping inexistentes ya que nuestros productos procesados pagaban en el país impuestos a la exportación y por definición eso no podía ser considerado una medida desleal de comercio internacional, aunque estos impuestos fueran menores que los aplicados a la exportación de poroto sin procesar. Aún así la Unión Europea estableció aranceles de importación mayores para el aceite, biodiesel y los subproductos de soja que para el poroto. Lo mismo sucedió con otros países importadores en una clara muestra de proteccionismo que no sólo incluye aranceles que favorecen la importación de poroto, sino también tasas de interés subsidiadas y maniobras para-arancelarias entre otras. La soja no se consume directamente, por ende, sin la ventaja que otorga el diferencial arancelario para procesar localmente sólo se facilita la exportación de poroto a aquellos destinos que mantienen claras políticas de desarrollo de su industria. En resumen, el diferencial arancelario a favor de la industrialización nacional de oleaginosas se constituyó como una herramienta virtuosa para el crecimiento. Su eliminación, en un análisis de la película y no de la foto, discutiblemente ayude al productor agrícola nacional a mejorar el precio de su producción, pero seguramente disminuirá el valor agregado neto de la exportación agroindustrial.

En un país con cíclicas crisis en la balanza de divisas, exportar valor agregado y generar dólares genuinos es crucial.

Argentina es el único país que grava con tan altas tasas sus exportaciones agrícolas representando una parte muy importante de su distorsionada e injusta estructura tributaria total. Aún así, su eficiencia permite crecer en la producción primaria e industrial asociada.
El necesario cambio en el perfil productivo de nuestro país debe estar dirigido a fomentar, no a castigar, la creación de dólares genuinos. Hacerse fuerte en los sectores eficientes de nuestra economía es imprescindible para nivelar las variables económicas que luego incidirán en la discusión sobre qué otros sectores estratégicos pero menos eficientes deberíamos proteger temporalmente, para favorecer su arranque. Es una mala política pública permitir que decisiones coyunturales atenten contra herramientas probadamente exitosas de crecimiento sostenible.

Autor: Oscar Algranti, CEO de Logística Integrada S.A.

Referencias
Bolsa de Cereales de Córdoba, Informe Nº 271
El cambio en los derechos de exportación del complejo sojero desincentiva el agregado de valor

¿No necesitamos exportar con valor agregado? La soja, un ejemplo de improvisación